La Sonrisa Eterna

Hay tres tipos de sonrisas.

La primera es aquella que depende de la actividad mental. Esta sonrisa surge de acuerdo a la vibración de cada pensamiento. Pensamientos negativos o de baja frecuencia generan emociones negativas; pensamientos positivos o de alta frecuencia generan emociones positivas y aparente felicidad en el rostro. Puede recordarse algo bonito o anticiparse algo bonito, pero de cualquiera de las dos formas, no es más que una respuesta condicionada a un pensamiento.

La segunda surge tras una experiencia agradable. Puede ser un viaje, enamorarse, obtener bienes materiales, mirar el amanecer a orillas del mar, recibir un abrazo o una buena noticia. Si bien tiene un nivel de realidad mayor, aún depende de factores externos, sean éstos psicológicos, físicos o emocionales. En el momento en que la droga de las experiencias mundanas desaparece, se lleva con ella toda alegría. Por lo tanto, uno comprende que esa sonrisa tampoco era real.

Y la tercera es la sonrisa del alma. Es la única auténtica; pues es la única que no depende de nada. Surge tras abandonar a voluntad la mente descendiendo al corazón y luego comulgar con él hasta llegar al Ser.
Aquel que logra dicho estado, se transforma en un auto generador de felicidad. Yo no necesita pensamientos agradables ni visualizaciones; no necesita experiencias sensoriales ni amor para sentir felicidad alguna. Él mismo lleva la felicidad al mundo pues ha renunciado a encontrarla en él. Es un rayo de luz en la oscuridad; un delicioso perfume de rosa en un cementerio seco y sombrío.

Desciende día tras día al corazón hasta encontrar el silencio y la dicha del alma. Encuentra la sonrisa divina a través de la meditación profunda y sé eternamente feliz.

Fuente: Lic. Fernán Makaroff