Cada día emitimos sin remedio un sin fin de quejas, nos parece que muchas cosas podrían cambiar, anhelamos un cambio social, cultura, planetario, ….
Pienso, que si estas leyendo esto eres una persona que esta despertando a una nueva conciencia, a una nueva forma de percibir la vida, eso que llamamos, realidad, confío en que verdaderamente seas una persona dispuesta y conocedora de que ese cambio comienza en ti, que eres tu quien ha de comenzar ese cambio, y que ese cambio marca la única y definitiva diferencia.
Confío en que seas esa persona que hace cambios en su vida, en su mente, en sus emociones, que verdaderamente es el cambio que quiere ver en el mundo.
Te quiero pedir que formas parte de mi lista de correos, y que si los recibes lo hagas por que de verdad te sirven, te son útiles y te interesan mis propuestas, y si no es así, es muy fácil dejar de hacerlo, así que no nos engañemos más, no te engañes a ti mismo, yo estoy haciendo mi parte lo mejor que se, ¿te sumas?
Tu eres mucho más valioso, valido y valeroso de lo que crees y para ilustrarlo te comparto un bello y poderoso poema que nos lo recuerda.
No seas un número en una lista, marca la diferencia. Gracias.
Nuestro miedo más profundo
Marianne Williamson
Nuestro miedo más profundo no es no ser capaces.
Nuestro miedo más profundo es que somos enormemente poderosos.
Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que más nos asusta.
Nos preguntamos, quién soy yo para ser brillante, atractivo, talentoso, fabuloso?
De hecho, que NO eres para no serlo? Eres un niño de Dios.
El disminuirse no le sirve al mundo.
No hay nada de sabiduría en encogerse para que otros no se sientan inseguros cerca de uno.
Estamos predestinados a brillar, como los niños lo hacen.
Nacimos para manifestar la gloria de Dios que está dentro nuestro.
No está solo en algunos de nosotros, está en cada uno.
Y cuando dejamos que nuestra luz brille, inconscientemente permitimos que otros hagan lo mismo.
Al liberarnos de nuestros propios miedos, nuestra presencia automáticamente libera a otros.